La exigencia para ambos equipos en cualquier competencia siempre es la máxima. "Tenemos la obligación de ganar este torneo, Argentina siempre está obligada a ganar, y más jugando en nuestro país”, comentó Sergio Batista, director técnico de la albiceleste la víspera de la copa. "La Copa América será un torneo muy duro y Argentina está presionada a ganarla por su condición de anfitrión. Nosotros vamos con la ilusión de ganar también, porque nos ayuda a crear la idea de que vamos a quedarnos con el Mundial (Brasil) 2014", expresó el seleccionador brasileño Mano Menezes.
A los mencionados equipos se les unían Chile y Colombia como candidatos al título, producto del buen nivel que venían mostrando, además de contar con jugadores como Alexis Sánchez y Radamel Falcao quienes concluyeron la temporada europea con honores. Un poco más distanciado aparecía Uruguay, frecuente animador de fiestas pero con bajo perfil, a pesar de poseer una delantera de prestigio internacional.
La etapa de grupos terminó calificando a los equipos que se esperaba, pero llegando los cuartos de final apareció el escenario inimaginable; Perú doblegaba en tiempo extra a Colombia, Chile sucumbía ante la sorprendente selección Venezolana, Brasil falló cada tiro penal que disparó y el portero paraguayo Justo Villar se alzaba como la gran figura atajando el único penal que no terminó en las gradas, y por último, Uruguay dejaba fuera a Argentina también en penales, con el detalle de que el futbolista que erró el penal decisivo fue convocado por Batista debido a la presión de los aficionados albicelestes que exigían en el equipo a su jugador consentido: Carlos Tévez.

Ya en semifinales Uruguay doblegó con solvencia al equipo peruano, que sintió como un logro notable el disputar dicha instancia y la posterior obtención del tercer lugar. En el otro enfrentamiento Venezuela expuso la mejor versión del futbol de la Suramérica actual; atrevidos, dinámicos y técnicos, al grado de ver a su lateral izquierdo regateando con suficiencia a tres rivales en el borde del área paraguaya. A la ‘vinotinto’ solo le había tocado ilusionarse y sufrir el desencanto, pero en esta ocasión llegó hasta la previa de la final de manera meritoria, casi ejemplar, sin reservas y con mucho espíritu. Pero enfrente tuvo un rival agazapado en su sistema mezquino. Paraguay finalmente salió triunfante tras soportar el asedio de Venezuela durante todo el partido, protagonizado con tres remates a los postes, el último de ellos de tiro libre, realizado de manera soberbia por Juan Arango. Lo más positivo para la selección venezolana es la impresión que dejó al mundo de que jugando con esa energía en el Mundial de Brasil 2014 hará su debut.
La final la disputaron los dos equipos que más especularon en la creación de juego. Criticados por los abogados del futbol de concepto alegre y ofensivo, y justificados por los defensores del resultado como elemento esencial. Cuando el equipo charrúa relega a segundo término el método de reventar cada balón adversario que supera la media cancha demuestra por qué cuenta con dos campeonatos mundiales, sus excelentes delanteros definieron el partido con tres goles cargados de técnica y potencia. A Paraguay sólo le faltó un empate más y vencer de nuevo en penales para colgarse la medalla del único equipo capaz de ser campeón sin ganar un solo partido. Para ser honesto, me habría ‘encantado’ presenciarlo.
Atípica y paradójica edición de la Copa América que premió con el trofeo de juego limpio al equipo que lleva como estandarte el cometer con frecuencia faltas al límite de lo lícito, tanto que Sebastián ‘El loco’ Abreu se dio tiempo para bromear con ello: "Nos dieron el premio al Juego Limpio y lo recibió Lugano. Es como que le den el premio de la paz a Bin Laden".
No fue un torneo donde brillaran las individualidades sino las aportaciones de conjunto, no fue el de los delanteros espectaculares, sino el de los porteros infranqueables. No existió el soberano dominio de Argentina y Brasil, y a pesar de que el campeón fue quien más trofeos ha conseguido en la Copa América, el verdadero acontecimiento sucedió con la rebelión de los de abajo.
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