viernes, 12 de agosto de 2011

Los jeques solo quieren divertirse

El interés de inversión para algunos de los jeques más poderosos del planeta se ha ido diversificando con el paso de los años. A la sobreexplotada industria petroquímica le siguieron algunos sectores como el financiero o automovilístico. Aunque como los vanidosos monarcas se alimentan con la adulación de las masas, sus toneladas de petrodólares han encontrado un nuevo desahogo: el futbol se ha convertido en el último invitado al palacio de sus egos.

Primero fue el emiratí Mansour bin Zayed Al Nahyan, quien descontó alrededor de 250 millones de euros de su cuenta bancaria casi sin notarlo y se hizo propietario del Machester City Futbol Club en el año 2008. Dos años después fue el turno del catarí Sheik Abdullah ben Nasser Al Thani, quien se mostró un poco más austero al pagar 36 millones por el modesto Málaga Futbol Club, absorbiendo de paso 14 millones de deuda que arrastraba el equipo. En ambos casos la compra parece no tener relación directa con la futura ampliación de su fortuna, pues sus empresas proliferan como roedores en verbena, sino con un sentido más recreativo.

En la obra ‘Serenata medio oriental’, Les Luthiers relata con singular juego lingüístico el estado en que se encuentra el patrón de un viejo imán: “a mi jefe el jeque lo aqueja la jaqueca”. Lo que hace eco de que emires, sultanes y demás realeza árabe también tienen sus tribulaciones. Sus palacios, su colección de 200 autos, su réplica de pirámide egipcia, sus veinte odaliscas o la inscripción de su nombre en letras gigantes sobre una isla (visible solo por satélite o extraterrestres) se vuelven nimiedades que no logran evitar lo que el ácido acetilsalicílico tiene que solucionar.

Decidido a hacer de su nuevo club un equipo de élite, Mansour bin Zayed ha pagado 470 millones de euros por 20 futbolistas en 3 años, reuniendo una cantidad inusitada de excelentes jugadores en tiempo récord: Robinho, Carlos Tévez, Kolo Touré, Craig Bellamy, Roque Santa Cruz, Emmanuel Adebayor, Shaun Wright-Phillips, Vincent Kompany, Shay Given, Gareth Barry, David Silva, Yaya Touré, Jérome Boateng, Mario Balotelli, Aleksandar Kolarov, James Milner, Edin Dzeko, Joleon Lescott, Gaël Clichy y el más reciente elemento de la constelación, Sergio Agüero, por quien pagó al Atlético de Madrid 45 millones de euros. Lejos quedó el día en que Josep Samitier fichó por el Barcelona a cambio de un reloj y un traje con chaleco.

El 14 de mayo de 2011, el Manchester City logra ganar un título después de 41 famélicos años. La Copa de Inglaterra (FA Cup) dio a la afición ‘Citizen’ la reconquista de un trofeo que se les había resistido por décadas y que huele a petróleo.

Por su parte, Al Thani ha sido uno de los personajes del verano en los medios deportivos, acopiando para el conjunto malaguista célebres jugadores como: Ruud Van Nistelrooy, Diego Buonanotte, Joris Mathijsen, Ignacio Monreal, Jérémy Toulalan, Joaquín Sánchez y Santi Cazorla, rompiendo las espectativas que se tenían sobre los ‘boquerones’ para el campeonato venidero y realizando hasta el momento una inversión en refuerzos superior a la efectuada por el Real Madrid y Barcelona dentro de la liga española.

Tanto los aficionados del Manchester City como los del Málaga no pueden tener queja alguna. Los jeques han invertido en la ilusión de los fieles fanáticos y con buena probabilidad recibirán satisfacciones levantando alguna copa o como mínimo figurarán en el paisaje europeo. Pero lo que los dirigentes de ambas instituciones no deben olvidar es el generar una estructura deportiva autosustentable, con valores que consoliden la presencia del club en el panorama mundial, porque los triunfos en el futbol suelen ser fugaces y el petróleo no es renovable.

martes, 2 de agosto de 2011

Atípica Copa América

Cuando parecía que los mejores exponentes suramericanos del futbol en el planeta transitaban a la deriva se hallaron frente a una imagen fugazmente placentera, un bello espejismo adornado de goles. Argentina se dio gusto frente a Costa Rica con dos anotaciones de Sergio Agüero, una de Ángel Di María y una de las mejores exhibiciones de Lionel Messi con la playera de su país. Neymar y Pato se apuntaron al renacimiento de Brasil con un par de tantos cada uno para superar a la aguerrida selección ecuatoriana. Después de tres partidos disputados en la Copa América finalmente argentinos y brasileños pudieron festejar un triunfo.

La exigencia para ambos equipos en cualquier competencia siempre es la máxima. "Tenemos la obligación de ganar este torneo, Argentina siempre está obligada a ganar, y más jugando en nuestro país”, comentó Sergio Batista, director técnico de la albiceleste la víspera de la copa. "La Copa América será un torneo muy duro y Argentina está presionada a ganarla por su condición de anfitrión. Nosotros vamos con la ilusión de ganar también, porque nos ayuda a crear la idea de que vamos a quedarnos con el Mundial (Brasil) 2014", expresó el seleccionador brasileño Mano Menezes.

A los mencionados equipos se les unían Chile y Colombia como candidatos al título, producto del buen nivel que venían mostrando, además de contar con jugadores como Alexis Sánchez y Radamel Falcao quienes concluyeron la temporada europea con honores. Un poco más distanciado aparecía Uruguay, frecuente animador de fiestas pero con bajo perfil, a pesar de poseer una delantera de prestigio internacional.

La etapa de grupos terminó calificando a los equipos que se esperaba, pero llegando los cuartos de final apareció el escenario inimaginable; Perú doblegaba en tiempo extra a Colombia, Chile sucumbía ante la sorprendente selección Venezolana, Brasil falló cada tiro penal que disparó y el portero paraguayo Justo Villar se alzaba como la gran figura atajando el único penal que no terminó en las gradas, y por último, Uruguay dejaba fuera a Argentina también en penales, con el detalle de que el futbolista que erró el penal decisivo fue convocado por Batista debido a la presión de los aficionados albicelestes que exigían en el equipo a su jugador consentido: Carlos Tévez.


Ya en semifinales Uruguay doblegó con solvencia al equipo peruano, que sintió como un logro notable el disputar dicha instancia y la posterior obtención del tercer lugar. En el otro enfrentamiento Venezuela expuso la mejor versión del futbol de la Suramérica actual; atrevidos, dinámicos y técnicos, al grado de ver a su lateral izquierdo regateando con suficiencia a tres rivales en el borde del área paraguaya. A la ‘vinotinto’ solo le había tocado ilusionarse y sufrir el desencanto, pero en esta ocasión llegó hasta la previa de la final de manera meritoria, casi ejemplar, sin reservas y con mucho espíritu. Pero enfrente tuvo un rival agazapado en su sistema mezquino. Paraguay finalmente salió triunfante tras soportar el asedio de Venezuela durante todo el partido, protagonizado con tres remates a los postes, el último de ellos de tiro libre, realizado de manera soberbia por Juan Arango. Lo más positivo para la selección venezolana es la impresión que dejó al mundo de que jugando con esa energía en el Mundial de Brasil 2014 hará su debut.

La final la disputaron los dos equipos que más especularon en la creación de juego. Criticados por los abogados del futbol de concepto alegre y ofensivo, y justificados por los defensores del resultado como elemento esencial. Cuando el equipo charrúa relega a segundo término el método de reventar cada balón adversario que supera la media cancha demuestra por qué cuenta con dos campeonatos mundiales, sus excelentes delanteros definieron el partido con tres goles cargados de técnica y potencia. A Paraguay sólo le faltó un empate más y vencer de nuevo en penales para colgarse la medalla del único equipo capaz de ser campeón sin ganar un solo partido. Para ser honesto, me habría ‘encantado’ presenciarlo.

Atípica y paradójica edición de la Copa América que premió con el trofeo de juego limpio al equipo que lleva como estandarte el cometer con frecuencia faltas al límite de lo lícito, tanto que Sebastián ‘El loco’ Abreu se dio tiempo para bromear con ello: "Nos dieron el premio al Juego Limpio y lo recibió Lugano. Es como que le den el premio de la paz a Bin Laden".

No fue un torneo donde brillaran las individualidades sino las aportaciones de conjunto, no fue el de los delanteros espectaculares, sino el de los porteros infranqueables. No existió el soberano dominio de Argentina y Brasil, y a pesar de que el campeón fue quien más trofeos ha conseguido en la Copa América, el verdadero acontecimiento sucedió con la rebelión de los de abajo.