lunes, 12 de septiembre de 2011

Sigo jugando en tu playa


En septiembre del año 2003 un joven futbolista catalán formado en el F.C. Barcelona de nombre Francesc Fábregas dejó su hogar en el Mediterráneo para mudarse a la capital del Reino Unido. Con 16 años, el mediocampista nacido en Arenys de Mar empacó cuanto anhelo pudo y emigró hacia el Arsenal inglés. Allá lo esperaban el Támesis y el director técnico francés Arsène Wenger, todo un prócer del futbol radiante, quien se convertiría a partir de ese momento en su principal mentor.

La determinación del novel jugador tuvo su origen en un acto paradójico en sí; para continuar aprendiendo y desarrollarse en las artes del balompié debía alejarse -geográficamente- de sus principales referencias didácticas: Josep Guardiola, Xavi Hernández y Andrés Iniesta. La idea de tener que progresar sin tregua para acaso merecer actuar de recambio durante el tiempo que Iniesta y Xavi permanecieran al frente del equipo le incendiaba la cabeza. Wenger, quien además es un experto cazador de talentos, le convenció de unirse a su proyecto con la promesa de que en dos años, como máximo, formaría parte del primer equipo.

No tardó demasiado. Mes y medio después de que pisara tierras británicas participaba en un partido de Copa Inglesa con 16 años y 177 días, el jugador más joven en debutar con la playera de los ‘gunners’ hasta ese momento. A partir de ese día su carrera tomaba un enérgico impulso que vería reflejado en logros colectivos. En el año siguiente lograba la Community Shield ya como titular. Una temporada más y conquistaba la FA Cup.

Sus brillantes actuaciones llamaron la atención del Real Madrid. En el año 2006, en plena campaña electoral para elegir al nuevo presidente ‘merengue’, el candidato Ramón Calderón aseguró llevar a Cesc Fábregas al club si asumía la dirección del mismo. Pero el rechazo de su entrenador y la reticencia del propio jugador por vestir la playera del barrio vecino de infancia descartaron cualquier indicio de negociación. Aceptó haber hablado con Calderón pero de inmediato zanjó todas las especulaciones: “No he dado mi palabra al Real Madrid”.

Un año después, el diario británico The Mirror publicaba el interés del Barcelona por repatriar a su antiguo jugador, a lo que Fábregas respodía: “Desde que marché a Inglaterra dije que mi sueño ha sido jugar en el Barça. Estoy muy contento en el Arsenal, pero ya veremos qué pasa en el futuro”. El juego dialéctico comenzaba.

Desde cataluña diferentes voces se posicionaron respecto al posible regreso de Cesc al club. Algunos veían en él al jugador idóneo para sumarse a un equipo que comenzaba a marcar época, pues desarrollaba el futbol con todo el concepto azulgrana. Pero también estaban los detractores de su fichaje, que se oponían a una transferencia cercana a los 30 millones de euros por un futbolista formado en casa y que se había exiliado voluntariamente. Txiqui Beguiristain, director deportivo culé, alimentaba la controversia declarando que Cesc “decidió marcharse, y la gente que se va tiene riesgo de no volver”.

A su vez, la prensa madrileña también entraba en juego dedicando a partir de aquella época varias portadas a la figura de Fábregas, mostrándolo como fuerte candidato a ser jugador del Real Madrid. El diario Marca fue uno de los más activos, dedicando titulares como: “El Madrid toca a Cesc”, “Higuain por Cesc”, “Los socios insisten en Silva y Cesc”, “60,000.000 € Ofertón por Cesc”, “Cesc sí o sí”, “o Cesc, o Cesc, o Cesc”, “El galáctico de Schuster es Cesc”, “Vitamina Cesc”, “Florentino prepara una ofensiva para quitárselo al Barcelona”, “Cesc dice sí”. A todo esto el propio jugador afirmaba: “No cierro la puerta al Madrid, en la vida pasan tantas cosas que nunca se sabe, pero mi sueño desde los 11 años ha sido jugar en el Barça”.

Un ejemplo inequívoco de su sangre blaugrana lo demuestra la única ocasión en que el jugador catalán logró anotar un gol a su antiguo club. Sucedió durante el primer partido de cuartos de final de la Champions League en el 2010: casi por finalizar el partido Carles Puyol comete falta dentro del área sobre el propio Fábregas, quien cobró el penal con un disparo enérgico, lo anotó, pero quedó lesionado en el acto. Como pegarle a la madre.

El diálogo entre Barcelona y Arsenal por el traspaso de Cesc Fábregas inició en el verano del 2009, pero las altas pretenciones del club inglés impidieron cualquier clase de acuerdo. En el año 2010 se retomaron las negociaciones después de que Cesc declarara: "Si me voy del Arsenal, será para jugar en el Barcelona", y nuevamente no pudo ser. Finalmente el acuerdo se vería consumado este verano, luego de que el mismo jugador propusiera reducirse el sueldo 1 millón de euros anuales por cinco temporadas para que el club catalán invirtiera ese dinero en su transferencia. Arsène Wenger declaró: “comprendemos su deseo de volver a su antiguo club y hemos aceptado la oferta del Barcelona".

Tan cerca y tan lejos. Francesc Fábregas jamás imaginó el largo camino que debería recorrer para jugar en el primer equipo del Barcelona. Lo que queda claro es que se fue pensando en volver, como lo canta Serrat: “Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa, o escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya... y ¿qué le voy a hacer? si yo nací en el Mediterráneo”.

viernes, 12 de agosto de 2011

Los jeques solo quieren divertirse

El interés de inversión para algunos de los jeques más poderosos del planeta se ha ido diversificando con el paso de los años. A la sobreexplotada industria petroquímica le siguieron algunos sectores como el financiero o automovilístico. Aunque como los vanidosos monarcas se alimentan con la adulación de las masas, sus toneladas de petrodólares han encontrado un nuevo desahogo: el futbol se ha convertido en el último invitado al palacio de sus egos.

Primero fue el emiratí Mansour bin Zayed Al Nahyan, quien descontó alrededor de 250 millones de euros de su cuenta bancaria casi sin notarlo y se hizo propietario del Machester City Futbol Club en el año 2008. Dos años después fue el turno del catarí Sheik Abdullah ben Nasser Al Thani, quien se mostró un poco más austero al pagar 36 millones por el modesto Málaga Futbol Club, absorbiendo de paso 14 millones de deuda que arrastraba el equipo. En ambos casos la compra parece no tener relación directa con la futura ampliación de su fortuna, pues sus empresas proliferan como roedores en verbena, sino con un sentido más recreativo.

En la obra ‘Serenata medio oriental’, Les Luthiers relata con singular juego lingüístico el estado en que se encuentra el patrón de un viejo imán: “a mi jefe el jeque lo aqueja la jaqueca”. Lo que hace eco de que emires, sultanes y demás realeza árabe también tienen sus tribulaciones. Sus palacios, su colección de 200 autos, su réplica de pirámide egipcia, sus veinte odaliscas o la inscripción de su nombre en letras gigantes sobre una isla (visible solo por satélite o extraterrestres) se vuelven nimiedades que no logran evitar lo que el ácido acetilsalicílico tiene que solucionar.

Decidido a hacer de su nuevo club un equipo de élite, Mansour bin Zayed ha pagado 470 millones de euros por 20 futbolistas en 3 años, reuniendo una cantidad inusitada de excelentes jugadores en tiempo récord: Robinho, Carlos Tévez, Kolo Touré, Craig Bellamy, Roque Santa Cruz, Emmanuel Adebayor, Shaun Wright-Phillips, Vincent Kompany, Shay Given, Gareth Barry, David Silva, Yaya Touré, Jérome Boateng, Mario Balotelli, Aleksandar Kolarov, James Milner, Edin Dzeko, Joleon Lescott, Gaël Clichy y el más reciente elemento de la constelación, Sergio Agüero, por quien pagó al Atlético de Madrid 45 millones de euros. Lejos quedó el día en que Josep Samitier fichó por el Barcelona a cambio de un reloj y un traje con chaleco.

El 14 de mayo de 2011, el Manchester City logra ganar un título después de 41 famélicos años. La Copa de Inglaterra (FA Cup) dio a la afición ‘Citizen’ la reconquista de un trofeo que se les había resistido por décadas y que huele a petróleo.

Por su parte, Al Thani ha sido uno de los personajes del verano en los medios deportivos, acopiando para el conjunto malaguista célebres jugadores como: Ruud Van Nistelrooy, Diego Buonanotte, Joris Mathijsen, Ignacio Monreal, Jérémy Toulalan, Joaquín Sánchez y Santi Cazorla, rompiendo las espectativas que se tenían sobre los ‘boquerones’ para el campeonato venidero y realizando hasta el momento una inversión en refuerzos superior a la efectuada por el Real Madrid y Barcelona dentro de la liga española.

Tanto los aficionados del Manchester City como los del Málaga no pueden tener queja alguna. Los jeques han invertido en la ilusión de los fieles fanáticos y con buena probabilidad recibirán satisfacciones levantando alguna copa o como mínimo figurarán en el paisaje europeo. Pero lo que los dirigentes de ambas instituciones no deben olvidar es el generar una estructura deportiva autosustentable, con valores que consoliden la presencia del club en el panorama mundial, porque los triunfos en el futbol suelen ser fugaces y el petróleo no es renovable.

martes, 2 de agosto de 2011

Atípica Copa América

Cuando parecía que los mejores exponentes suramericanos del futbol en el planeta transitaban a la deriva se hallaron frente a una imagen fugazmente placentera, un bello espejismo adornado de goles. Argentina se dio gusto frente a Costa Rica con dos anotaciones de Sergio Agüero, una de Ángel Di María y una de las mejores exhibiciones de Lionel Messi con la playera de su país. Neymar y Pato se apuntaron al renacimiento de Brasil con un par de tantos cada uno para superar a la aguerrida selección ecuatoriana. Después de tres partidos disputados en la Copa América finalmente argentinos y brasileños pudieron festejar un triunfo.

La exigencia para ambos equipos en cualquier competencia siempre es la máxima. "Tenemos la obligación de ganar este torneo, Argentina siempre está obligada a ganar, y más jugando en nuestro país”, comentó Sergio Batista, director técnico de la albiceleste la víspera de la copa. "La Copa América será un torneo muy duro y Argentina está presionada a ganarla por su condición de anfitrión. Nosotros vamos con la ilusión de ganar también, porque nos ayuda a crear la idea de que vamos a quedarnos con el Mundial (Brasil) 2014", expresó el seleccionador brasileño Mano Menezes.

A los mencionados equipos se les unían Chile y Colombia como candidatos al título, producto del buen nivel que venían mostrando, además de contar con jugadores como Alexis Sánchez y Radamel Falcao quienes concluyeron la temporada europea con honores. Un poco más distanciado aparecía Uruguay, frecuente animador de fiestas pero con bajo perfil, a pesar de poseer una delantera de prestigio internacional.

La etapa de grupos terminó calificando a los equipos que se esperaba, pero llegando los cuartos de final apareció el escenario inimaginable; Perú doblegaba en tiempo extra a Colombia, Chile sucumbía ante la sorprendente selección Venezolana, Brasil falló cada tiro penal que disparó y el portero paraguayo Justo Villar se alzaba como la gran figura atajando el único penal que no terminó en las gradas, y por último, Uruguay dejaba fuera a Argentina también en penales, con el detalle de que el futbolista que erró el penal decisivo fue convocado por Batista debido a la presión de los aficionados albicelestes que exigían en el equipo a su jugador consentido: Carlos Tévez.


Ya en semifinales Uruguay doblegó con solvencia al equipo peruano, que sintió como un logro notable el disputar dicha instancia y la posterior obtención del tercer lugar. En el otro enfrentamiento Venezuela expuso la mejor versión del futbol de la Suramérica actual; atrevidos, dinámicos y técnicos, al grado de ver a su lateral izquierdo regateando con suficiencia a tres rivales en el borde del área paraguaya. A la ‘vinotinto’ solo le había tocado ilusionarse y sufrir el desencanto, pero en esta ocasión llegó hasta la previa de la final de manera meritoria, casi ejemplar, sin reservas y con mucho espíritu. Pero enfrente tuvo un rival agazapado en su sistema mezquino. Paraguay finalmente salió triunfante tras soportar el asedio de Venezuela durante todo el partido, protagonizado con tres remates a los postes, el último de ellos de tiro libre, realizado de manera soberbia por Juan Arango. Lo más positivo para la selección venezolana es la impresión que dejó al mundo de que jugando con esa energía en el Mundial de Brasil 2014 hará su debut.

La final la disputaron los dos equipos que más especularon en la creación de juego. Criticados por los abogados del futbol de concepto alegre y ofensivo, y justificados por los defensores del resultado como elemento esencial. Cuando el equipo charrúa relega a segundo término el método de reventar cada balón adversario que supera la media cancha demuestra por qué cuenta con dos campeonatos mundiales, sus excelentes delanteros definieron el partido con tres goles cargados de técnica y potencia. A Paraguay sólo le faltó un empate más y vencer de nuevo en penales para colgarse la medalla del único equipo capaz de ser campeón sin ganar un solo partido. Para ser honesto, me habría ‘encantado’ presenciarlo.

Atípica y paradójica edición de la Copa América que premió con el trofeo de juego limpio al equipo que lleva como estandarte el cometer con frecuencia faltas al límite de lo lícito, tanto que Sebastián ‘El loco’ Abreu se dio tiempo para bromear con ello: "Nos dieron el premio al Juego Limpio y lo recibió Lugano. Es como que le den el premio de la paz a Bin Laden".

No fue un torneo donde brillaran las individualidades sino las aportaciones de conjunto, no fue el de los delanteros espectaculares, sino el de los porteros infranqueables. No existió el soberano dominio de Argentina y Brasil, y a pesar de que el campeón fue quien más trofeos ha conseguido en la Copa América, el verdadero acontecimiento sucedió con la rebelión de los de abajo.

viernes, 15 de julio de 2011

LA ILUSIÓN HEREDADA

Para la selección mexicana que se presentaba en la Copa Mundial de Fútbol Sub-17 de 2011 existía una gigantesca e inapelable encomienda que normalmente es concedida solo a potencias como Argentina, Brasil, Italia o Alemania: ser campeón. Y los motivos no eran del todo descabellados, además de ser el país sede, apenas seis años atrás había conquistado en territorio inca su primer copa mundial de la categoría con un equipo comandado por los habilidosos Carlos Vela y Giovani Dos Santos, venciendo contra pronóstico a la escuadra ‘verdeamarela’ por tres goles a cero.

La expectativa era muy alta para un grupo de adolescentes enteramente desconocidos para el aficionado común. Pero no descepcionaron. Ganaron todos los partidos que disputaron y sobre todo, dejaron en la retina del aficionado fragmentos de fútbol que con los años se seguirán recordando. La final se disputó contra Uruguay, que de inmediato trató de imponer su estilo físico para intentar contrarrestar el juego de toque mexicano. Para los iniciados en el fútbol cabe hacer mención que los charrúas no se ruborizan a la hora de dejar al rival un recuerdo en forma de patada, y cuando se aburren de ello, más obsequios. El apellido de uno de sus defensas exhibía su mejor carta de presentación, Alejandro Furia.

El primer gol tardó 30 arduos minutos en llegar, producto de un balón que el delantero Carlos Fierro bajó de cabeza para que el capitán mexicano Antonio Briseño rematara a las redes, detonando instantáneamente feroces gritos de júbilo en los cerca de cien mil compatriotas que llegaron al Estadio Azteca. La verbena había dado inicio, pero la ‘garra charrúa’ tiene doctorado en ejercer de aguafiestas -preguntarle a los brasileños por el memorable maracanazo- y puso en marcha la maquinaria ofensiva hasta llegar a disponer de dos peligrosas ocasiones que terminaron rebotadas en los postes. Con el reloj sobrepasando los noventa minutos se presentó un contragolpe mexicano que sentenció el juego, Giovani Casillas finalizó la jugada que valió el gol de la victoria azteca y el meritorio bicampeonato.

No hay duda que el duelo final estuvo cargado de emociones, pero el pasaje más emotivo del conjunto tricolor se vivió en la ciudad de Torreón Coahuila en el enfrentamiento contra Alemania, que llegaba a la semifinal como el equipo mas goleador del torneo. El partido no pudo iniciar mejor para México, minuto 3 y Julio Gómez utilizaba un método poco imaginado para su 1.65 de estatura, remató de cabeza en el área teutona y marcó el primer tanto. Poco duró el gusto pues Alemania, que tiene la fórmula para convertir los yerros ajenos en goles, 5 minutos después había empatado el encuentro.

En el minuto 60, el partido se pondría cuesta arriba para la escuadra dirigida por Raúl ‘Potro’ Gutiérrez cuando Emre Can hizo gala de potencia y velocidad quitándose dos rivales y definiendo al costado derecho del portero Richard Sánchez. Conociendo la disciplina militar que rige a los germanos se presentó el verdadero desafío para el novel conjunto mexicano, derribar el paradigma histórico de terminar sucumbiendo ante un eventual marcador adverso.

El reto fue tomado con valentía y atrevimiento, el técnico mexicano envió a la cancha de manera casi simultánea a tres jugadores ofensivos: Casillas, Tostado y Gracia. Los resultados no tardaron en aparecer. Tiro de esquina por la banda derecha y apareció el zurdísimo Jorge Espericueta chutando el balón con tanta comba que materializó una anotación que jamás había sido lograda en un torneo de esta categoría, gol olímpico. El tanto del empate tuvo un coprotagonista que también marcó la anotación sin tocar la pelota, Julio Gómez, quien siguió la ruta del esférico con tanta devoción que evitó el despeje sobre la línea de la portería de Samed Yesil, aunque esto provocara que sus cabezas colisionaran, ocasionandole una herida de ocho centímetros en la zona parietal izquierda.

Después de perder entre 20 y 30 mililitros de sangre volvió el adalid al campo con la cabeza vendada, mareos, mucho ímpetu y una ovación generalizada. Solo faltaba que el destino le tuviera reservado el gol del triunfo, y con la cabeza, faltaba más. El partido se acercaba al ocaso y apareció en el ambiente un elemento característico de la idiosincracia mexicana, pedir el ‘milagrito’. A un minuto de finalizar el tiempo regular el equipo tricolor volvió a encontrarse con un tiro de esquina, la plegaria era para que la zurda de Espericueta reinventara -poca cosa- otro gol olímpico, pero el balón es caprichoso, tras el centro hubo un desvío que dejó flotando la pelota encima del gladiador Gómez y el tiempo se detuvo.

La apoteosis del torneo estaba por acontecer. El jugador, que minutos antes salía de la cancha en camilla con una hemorragia que presagiaba su casi seguro abandono del juego, se hallaba puntual en su cita con la proeza, en esta ocasión el esférico estaba un poco más lejos de su maltrecha testa y con una pseudo chilena remató al rincón más lejano de la portería un gol que nadie pudo detener porque él así lo había decidido. Julio Gómez no logró decidir el partido con la cabeza, lo hizo con la voluntad.